La novela histórica no puede ignorar los hechos, dice Quirarte
México

Uno de sus mayores logros es la recreación del espléndido marco en que sucede la trama, porque solo la literatura, en su mayor acepción, es capaz de impregnar a ciertas ciudades y recubrirlas con una pátina de mitología e imágenes más resistentes al paso de los años que su propia arquitectura e historia 'reales'", expresó Ignacio Solares respecto a La isla tiene forma de ballena (Seix Barral, 2015), novela de Vicente Quirarte, presentada la noche del miércoles en el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México.

Ubicada entre 1864 y 1867, con Benito Juárez exiliado en tierras norteñas a bordo de un carruaje habilitado como palacio presidencial ambulante, esta novela histórica con tintes policiacos narra la labor del capitán Arístides Bringas, una suerte de detective, y su asistente Sebastián Casanueva, quienes viajan a Nueva York para unirse al Club Liberal Mexicano para conseguir armamento y frenar la resistencia secreta conservadora.

Patricia Galeana expresó que los historiadores no son competencia de los escritores, puesto que las obras de éstos "se venden como pan caliente" y son leídas "por todo mundo", mientras que los trabajos históricos difícilmente logran difusión.

"Juan Antonio Ortega y Medina, mi maestro, me decía que teníamos que escribir de una forma más amena, sin tantas citas, para que la gente leyera más nuestros libros; pero eso es algo que a veces nos es difícil pues seguimos al pie de la letra eso de que el historiador lo que debe buscar es la verdad, mientras que el escritor está recreando y haciendo una obra de imaginación, no la interpretación que a nosotros nos corresponde".

Aseguró que la frontera entre literatura e historia se llega a desvanecer en la novela histórica, por lo que muchas veces el público se queda con la idea de que lo que leyó pasó realmente, "y me gustaría que después de leer La isla tiene forma de ballena se fueran a leer las obras de historia para ver en dónde termina la ficción y qué es lo verídico, porque hay documentos que aparecen en el libro, como las cartas de Margarita Maza a Benito Juárez, que tienen su base histórica".

Gozosa cadena

Quirarte citó a Edmundo O'Gorman, quien alguna vez le dijo que "la mayor virtud de un historiador es la imaginación", por lo que aseguró que un historiador hace lo mismo que un escritor. Añadió: "Pero el novelista histórico tiene una gozosa cadena que es la historia: no puede alterar el dato histórico duro. Por ejemplo ¿qué pasa con la figura de Hidalgo en la novela Los pasos de López, de Jorge Ibargüengoitia? Sale al principio del texto con una vara para espantar perros, y eso para la iconografía áurea de nuestra historia oficial es inadmisible: él no podía tener una vara para espantar perros, pero la historia nos dice que sí porque era un hombre como cualquier otro, y ahí es donde está la licencia del novelista, pero aún así no puede ignorar el hecho histórico".

El literato dijo que en su novela interpreta hechos reales; por ejemplo, en uno de los capítulos finales del volumen, que habla sobre el fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo en Querétaro, al hacer la investigación encontró que casi ninguno de quienes escribieron al respecto estuvieron presentes.

"Y encontré la carta de un capitán de la artillería ligera de Coahuila que sí estuvo, y entonces a ese personaje lo pongo en Nueva York, y ya cuando terminé la novela me di cuenta de que había un error terrible: yo pongo ahí a Berriozábal, pero él ya era jefe de operaciones militares en Tamaulipas. Entonces tuve que corregir al final que él hizo marchas forzadas para estar con sus amigos", concluyó.

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