El impacto de la intervención francesa en México
Patricia Galeana

Konrad Ratz
El impacto de la intervención francesa en México

México Siglo XXI, 2011n

En su prólogo Patricia Galeana hace un merecido elogio a su maestro: “El primer especialista mexicano en la Intervención francesa, fue Martín Quitarte, quien había estudiado en Francia y tuvo tal dominio de la lengua que fue maestro de fonético francesa. El maestro Quitarte reunió la más completa biblioteca francesa sobre la intervención francesa que existe en México. En su obra escrita destaca la historiografía francesa y el Segundo Imperio. Este historiador fundó le cátedra sobre la Reforma, la Información francesa y el Segundo Imperio en el Colegio de Historia de la Universidad Nacional Autónoma de México. Solía alentar a quienes éramos sus alumnos, a adquirir el oficio de la escritura, mostrando las ediciones facsimilares de los manuscritos de los grandes escritores franceses, como Gustave Flaubert.

El especialista Quirate tuvo una gran admiración por la cultura francesa y por los ideales de libertad, libertad y fraternidad que la Revolución de Francia dio al mundo. Como escribiera Víctor Hugo, Quitarte siempre consideró que independientemente, de la intervención napoleónica en México, “la Francia continuaría siendo nuestra hermana”

Sobre el estado de la investigación científica explica el historiador austríaco Christián Opriessnig, que la historia de Maximiliano, conocido sobre todo por su trágico final, “todavía no están clasificados sus actividades…Los archivos documentales están desorganizados …., porque no llegaron a estar en orden sistemático a la derrota del Imperio… Hasta el día de hoy , todavía hace falta un estudio de la documentación disponible y una presentación de los materiales archivados.” Critica que en Austria la subvención fue rechazada en general.

En México Christian Opriessnigg ha trabajado desde 2007 en el AGN (Fondo Segundo Imperio) “12,89 metros lineales de documentación”(19) sometiéndolo a un proceso de digitalización.

Manual Ramos, director del Centro de Estudios de Historia de México, desde 1992 Carso, relata el origen y las andanzas del archivo de José Pablo Martínez del Río, importante médico mexicano, ennoblecido por Maximiliano. La familia Martínez del Río sigue donando a dicho archivo materiales históricos.
María Eugenia García Ugarte, trata en detalle la participación del Obispo Palagio António de Labastida y Dávalos en la “Intervención”. Escribió al Papa Pio IX una carta con el título “Cuestiones en torno a sí la monarquía debe establecerse en México. Según el Obispo de Puebla , “la nación mexicana estaba dispuesta a recibir la monarquía”. Se refiere a las diversas propuestas desde Agustín Iturbide hasta López de Santa Anna” Aparte de un préstamo de cien millones de dólares, Labastida pidió para una monarquía una forma de gobierno con Senado y un consejo de Estado, así cómo la restitución de los títulos de nobleza. En ausencia del emperador, gobernaría una regencia en su nombre.

El papa comunicó a Maximiliano su acuerdo con tal que los bienes de la Iglesia, nacionalizados por Juárez, aseguraran el futuro préstamo del Imperio.
El proyecto conservador entró en crisis, porque los conservadores estaban riñendo entre sí, y Napoleón III aprovechó esta coyuntura para iniciar la intervención militar, y Forey asumió un gobierno liberal en México, que rechazó a los conservadores, que sin embargo, lograron formar una asamblea de notables que propuse el sistema monárquico al país y ofreció la corona al archiduque Maximiliano de Habsburgo.

Raul Figueroa Esquer describe la personalidad de Francisco de Paula de Arrangoiz, intervencionista conservador mexicano (65) Este conservador nació en Jalápa de familia acomodada, esperaba que un Imperio, sería conservador, clerical e hispanista , pero lo encontró “exógeno, gobernado desde Paris y a la francesa.“ (69) Es objeto de polémica, lo que hizo como cónsul mexicano en nueva Orleáns. Estaba encargado de cobrar la indemnización de 68000 dólares que los EUA debían a México por la cesión de un territorio, guardando para sí un capital considerable, con el que marchó a Europa como cabildero del imperio. Después fue cónsul en La Habana, y seguidamente, ministro de hacienda por un año. Otra vez en Nueva Orleáns, recibió a los exilados mexicanos, Juárez, y Ocampos quienes se defendían de unas acusaciones del gobierno mexicano de Santa Anna. Con su “comisión” marchó a Europa como cabildero del imperio. Incluso fue recibido por Napoleón III; luego, por instrucciones de Maximiliano tuve una entrevista con Palmerstone en Londres, pero quien no le hizo ninguna promesa . Todavía en Miramar, Maximiliano nombró a Arrangoiz enviado extraordinario y ministro plenipotenciario ante el Rey de Bélgica en Bruselas.

“Arrangoiz presentó su renuncia ante Maximiliano el 13 de abril de 1865 respetuosa y atenta , pero enérgica a la vez, criticando la política liberal seguida por Maximiliano.
Anunció por medio de una larga carta, en la que le censura, guardando las formas, pero enjuiciando severamente la política externa o interna de Maximiliano. El emperador se enojó grandemente, y no dio respuesta a Arrangoiz, que nunca más volvió México.

Konrad Ratz se ocupa de los expertos financieros franceses, enviados a Maximiliano por Napoleón III. Maximiliano heredó una crisis financiera que era prácticamente permanente desde la Independencia.. La Regencia no había publicado presupuesto alguno. El primer presupuesto del Imperio fue publicado en 1865, pero nunca se puso en práctica. El emperador se asignó a sí mismo una lista civil 1,5 millones de pesos, A a Carlota se asignaron 200.000 pesos. Los gastos de guerra y el servicio de la deuda exterior absorbieron más de la mitad del presupuesto, que sólo pudo equilibrarse con cargo a varios créditos franceses. Maximiliano propagó un programa de austeridad, llamando a su auxilio varios expertos hacendísticos franceses: Sin embargo, Charles Eustaches Corta vino con el encargo de Napoleón III de ser en primer lugar, pregonero de los bonos de los créditos franceses. Su sucesor, Bonnefonds aspiraba a la posición de ministro de hacienda, pero no hizo mucho concreto. Maximiliano quiso ahora encargarse él mismo de las tareas como ministro de finanzas, pero no sabía imponerse a sus consejeros. ]Finalmente llegó Jacques Langlais, una “perla” in su profesión, pero una persona enferma, que ante lo insoluble caos financiero, murió de un golpe de apoplejía . Le siguieron los expertos financieros Maintenant y Jean Nicolas Friant. Este último aumentó drásticamente los impuestos, pero por deseo de Bazaine tuvo que renunciar a su puesto y se retiró a Francia. En resumen, los expertos franceses de hacienda, con la sola excepción del difunto Langlais, no dieron resultados positivos, porque el problema financiero del Imperio era insoluble.

La prensa francesa, aunque falto de informaciones trato de dar a sus lectores una imagen relativamente certera de la expedición mexicana de Francia. Había dos periódicos gubernamentales (cinco en 1867), cuatro diarios clericales y cuatro diarios neutros.. Napoleón III no era amigo de la prensa libre. Según el la prensa era “la hidra de cien cabezas.“ La información internacional era el monopolio de la Agence Havas. Los sucesos más importantes eran la Guerra de Secesión en EUA y la expedición de Máxico, la que fue condenado casi unánimemente. La prensa gubernamental desacreditaba sobre todo al presidente Juárez, llamándole “terrorista”, ocultando los fracasos franceses en campo La prensa se inquieta de la prolongación de la expedición. El anuncio de la repatriación de las tropas es recibido con alivio. El conflicto austro- prusiano pasa a la primera plana de la prensa. Los comentadores, aunque se lamentan por las derrotas francesas, se congratulan por el fin de una campaña, que costó demasiado a Francia.
Los Estados Unidos y su guerra civil había sido un factor atener en cuenta por Napoleón III, Maximiliano y la República.

Patricia Galeana publica en su artítulo sobre “Los Estados Unidos frente a la Intervención francesa en México” la nota de la República a los representantes diplomáticos, sobre la intención de México de satisfacer sus obligaciones resultantes de su sus deudas internacionales (pags . 148 a 149) La nota explica claramente su dilema: “El actual gobierno de la República se ha encontrado entre la Sociedad y la civilización por un lado, que piden paz orden y garantías y los acreedores extranjeros que le exigen casi todas las rentas públicas.” La nota estaba redactada para explicar a los deudores las causas de su “impotencia temporal” (149)
Francia e Inglaterra mandaron airadas protestas al gobierno de la República, a los que el canciller Zamacona respondió de manera digna pero firme., protestando por su parte del del lenguaje violonto de Saligny, después de lo que Francia rompió relaciones con la Republica de México.
Los EUA quedaron neutrales en la conflicto entre la República y las tres potencias europeas. Después de la fundación del Imperio, ayudaron material y moralmente a la República mexicana. Por el tratado Corwin-Doblado, el gobierno de Lincoln prestaría 5 millones de dólares al de Juárez, acto aprobado por el Senado.
1866 los Estados Unidos reiteraron su reconocimiento al gobierno de Juárez como único legítimo, considerando un agravio el envió de mas tropas europeas (léase austríacas) al Imperio

Una vez terminada la intervención francesa y el Imperio, el gobierno norteamericano se abocó a tramitar reclamaciones contra la Republica, para cuyo pago el gobierno de Juárez dictó las disposiciones correspondientes.
El un capítulo sobre los impactos científicos de la Intervención francesa, Héctor Gonzáles Medrano se ocupa de informaciones y exploraciones científicas en Palenque durante la intervención. Se crearon instituciones de cultura al estilo francés, tales como la Commision Scientifique du Mexique en Paris , y la Comisión Scientífica Artística y Literaria de México. A la sección novena de la misma, con el título Etnología, Lingüística y Arqueología correspondió recopilar todos los trabajos referentes a temas de carácter arqueológico en cuanto a los diversos sitios de Mexico antiguo. (Martínez Guzman 1998, 132). En especial, Héctor Gonzales Medrano menciona los trabajos del abate Charles Etienne Brasseur de Bourbourg, y los del arquitecto francés Viollet Leduc . Maximiliano tenía mucho interés por los hallazgos del abate francés, que fue pionero en iniciar estudios sobre las culturas pre- colombianas de México y Guatemala. Por otra parte, nos legó una obra sobre las ruinas de Palenque. El autor describió también los estudios del primer fotógrafo-explorador de las ciudades mayas Claude Joseph Desiré Charnay. Este publicó un álbum Cités et ruines americaines: Mitla, Palenque, Chechén Itza et Uxmal. Sin embargo, los verdaderos progresos en los estudios en torno a Palenque son debidos el siglo XX. Y que esta ciudad sigue siendo un espacio atractivo para los investigadores de la ciencia maya.
Dominique Paoli, antes que tratar del papel social y cultural de la emperatriz Carlota, cita los principales fondos en Estados Unidos y Europa, donde se encuentran documentos referentes a Carlota.

La autora afirma que los trastornos mentales de Carlota empezaron ya desde su adolescencia, “principalmente como exaltación, no hizo que aumentar con los años. Sin embargo, aun cuando su psicosis maniacodepresiva le provocaba a veces violentos trastornos de humoe y un claro rechazo de la realidad, nunca destruyo su inteligencia” (312) Como sabe el lector, los juicios de los siquiatras sobre el origen de la enfermedad mental de Carlota no concuerdan.
Como emperatriz, Carlota se ocupó preferentemente de las clases desfavorecidas, presidiendo una comisión que se ocupaba de su mejora, y de los indios, que la recibieron con alegría, esperando quizá de ella su salvación.

Entre la instituciones por ella fundadas estaban la maternidad Carlota (para madres solteras) y el Colegio Carlota (para le instrucción de hijas de las clases acomodadas, en idiomas modernos, historia, equitación y manualidades) . En total, las muchachas debían ser “europeizadas”. Es notable la correspondencia de Carlota con José Fernández Ramírez, experto en arte precolumbiano, y futuro ministro de asuntos exteriores, que fue para ella fue un sustituto de padre.

El capítulo “Representaciones y memoria” de este volumen contiene el desarrollo de la iconografía de ambos antes y durante el Imperio (Aurelio de los Reyes), un reporte de Arturo Aguilar Ochoa sobre “Maximiliano y Carlota en la Angelópolis (1864 – los dos juntos a su llegada a México y 1865 – Maximiliano solo esperando su encuentro con Carlota) e indicaciones sobre André Eugene Boban Duverge, anticuario francés que había vivido 25 años en México por Amparo Gómez Tepexicuapan. Boban fue anticuario de Maximiliano y contribuyo a completar las colecciones del emperador.

Una mirada sobre los viajeros franceses después del Imperio y el recuerdo de Napoleón III (Nicolas Neymet) y las consideraciones de Susanna Igler sobre el tema del Segundo Imperio Mexicano en textos selectos de Carlos Fuentes, materia en el que la autora se ha especializado, concluyen este instructivo volumen, cuya lectura abre al lector muchos aspectos completamente nuevos del Segundo Imperio Mexicano.