La mentalidad antimexicana revive en algunos estadunidenses”: Patricia Galeana

por La Crónica de Hoy

“Se me hace el cargo de que yo declaré la guerra y la estoy continuando con objeto de conquistar a México”; “era claro que al hacer la paz podríamos obtener California y alguna otra parte del territorio mexicano”;  y “habíamos prudenciado hasta donde la prudencia ya no era una virtud patriótica”. Éstas son algunas de las confesiones que escribió James K. Polk, undécimo presidente de Estados Unidos, hace 150 años cuando negoció la compra de más de la mitad del territorio nacional.

Pero 70 años después, argumentos similares se pronunciarían en el Senado estadunidense por el legislador Albert Bacon Fall, quien creó una comisión especial para comprar toda la península de Baja California y parte de Sonora, y para que México reescribiera su Constitución de 1917.

Estos casos de cómo la frontera entre México y Estados Unidos es un tema complejo en las relaciones diplomáticas desde hace, al menos, un siglo, se narran en los libros Diario del presidente Polk. Volumen I y II, y El Senado estadounidense enjuicia a México y al presidente Carranza de Rodolfo Villarreal Ríos, editados por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM).

CONFESIONES DE POLK. “Si revisamos en la historia, veremos que la frontera no es un tema nuevo. James Polk decía que Estados Unidos y México eran dos países muy diferentes y eso nos remite a los actuales deseos del presidente Donald Trump de poner un muro. Estas decisiones tienen antecedentes, no es la primera ocasión que hay una idea de separación”, señala Patricia Galeana, directora del INHERM.

La relación México-Estados Unidos (EU) siempre ha tenido desencuentros —agrega la historiadora—, entre ellos, la guerra de conquista territorial de 1848 cuando los actuales estados de California, Arizona, Nevada, Utah y una parte de Colorado, Nuevo México y Wyoming, dejaron ser mexicanos y se anexaron al país vecino.

“Es importante conocer la mentalidad antimexicana porque lamentablemente en algunos estadunidenses se ha reavivado. Cuando vemos a los seguidores de Trump, nos recuerdan a Polk y a la idiosincrasia que ha estado ahí, marcando la supremacía de los países blancos con una actitud racista contra quienes somos mestizos o indígenas. Por eso es importante la edición facsimilar que hemos hecho del diario de Polk”, precisa Galeana.

Hace 70 años se realizó por primera vez la traducción del diario del onceavo presidente de Estados Unidos y hoy, ese trabajo de traducción que hizo el político y ensayista Luis Cabrera (1876-1954) regresa a las librerías del país tras siete décadas de no ser impreso.

“Es una obra que se publicó en 1948, cuando se recordó el centenario de la firma del tratado de paz con Estados Unidos después de la guerra de 1846 a 1848. Entonces uno de los fundadores del INEHRM y una de las personas más cercanas al presidente Venustiano Carranza, Luis Cabrera, se dio a la tarea de hacer una selección dentro del diario del presidente Polk sobre todo lo que tenía relación con México”, detalla Galeana.

Los testimonios que fueron seleccionados se dividen en cuatro: Antes de la guerra (de agosto 26 de 1845 a mayo 9 de 1846), Durante la guerra (mayo 9 de 1846 a febrero 19 de 1848), Después de la guerra (febrero 20 de 1848 a marzo 3 de 1849) y Documentos anexos.

LA MENTIRA. La directora del INEHRM explica que Polk tuvo la costumbre de escribir todos los días sobre sus acciones de gobierno y guardar recortes de periódicos, por eso, es posible conocer quiénes fueron sus contactos con la prensa y cómo con una mentira influyó en el Congreso para que autorizaran dinero y envío de tropas para invadir México.

“Él mismo mandó al ejército estadunidense a que invadiera nuestro país porque quería cambiar la frontera entre Texas y México. En su gobierno se anexó Texas a Estados Unidos como un estado más de la Unión Americana. Texas era independiente desde que se había separado de México, esto fue después de la promulgación de la Constitución de 1836”, precisa.

Polk quiso bajar la línea fronteriza que estaba delimitada por el Río Nueces para ampliarla al Río Bravo, porque ese río era una frontera suficiente para dos países tan diferentes.

“México rechazó tal argumento y Polk mandó al ejército estadunidense a invadir México, entonces hubo un encuentro en un rancho en Tamaulipas y ahí murieron 15 soldados de Estados Unidos y con ese pretexto Polk dijo en su Congreso: ‘México ha invadido nuestro territorio y derramado la sangre de nuestros ciudadanos en nuestro propio suelo’”.

El presidente escribió el 25 de abril de 1846:

“Expresé mi opinión de que deberíamos reparar por nuestra propia mano los ultrajes que se nos habían hecho. Que habíamos tratado en vano de contemporizar con México y que habíamos prudenciado hasta donde la prudencia ya no era una virtud patriótica (...) Le pregunté primero al señor Bachannan su opinión. Él estuvo de acuerdo conmigo y creía que debería yo recomendar que se declarara la guerra. Los otros miembros del Congreso no disintieron, sino que concurrieron en la opinión de que debía prepararse un mensaje para someterlo al Congreso en el curso de la próxima semana”.

Pasaron dos semanas y Polk relata en su diario que el 11 de mayo fue un día “de gran ansiedad” para él pues envío ese mensaje, en donde con 173 votos a favor y 14 en contra, la Cámara de Representantes aprobó la declaratoria de guerra. Horas más tarde, narra, el coronel Benton le pidió el número de hombres y suma de dinero que necesitaría para defender el país.

El 13 mayo, Polk describió su emoción ante la aprobación de proyecto, que firmaría ese mismo día a la 1 pm:

“Gran número de visitantes concurrió a verme hoy en la mañana, siendo ellos senadores, diputados, ciudadanos y extraños. Todos mostraban un profundo interés  y muchos estaban excitados por la declaración de guerra que aprobó el Congreso ayer y ahora esperaba únicamente mi aprobación para convertirse en Ley. Todos aprobaban lo hecho. Muchos miembros del Congreso, especialmente de los Estados del Oeste”.

Dos años más tarde, cuando se firmó el tratado que puso fin a la guerra, Polk estuvo en desacuerdo con el territorio mexicano adquirido, quería más y pensó en no reconocer la firma del Tratado Guadalupe-Hidalgo. Así lo relató el 21 de febrero de 1848:

“Aunque era cierto que si se tratara de celebrarlo ahora habría yo pedido más territorio, tal vez hasta hacer de la Sierra Madre la línea divisoria (...) Una mayoría de una rama del Congreso se opone a mi Administración; se me hace el cargo de que yo declaré la guerra y la estoy continuando con objeto de conquistar a México, y si ahora yo fuera a rechazar el Tratado celebrado conforme a mis propias condiciones, tales como se autorizaron en abril último con la unánime aprobación del Gabinete, las probabilidades serían que el congreso no concedería ya ni hombres ni dinero para continuar la guerra”.

EL CASO FALL. Los pretextos de que Japón se adueñaría de la península de Baja California, que Venustiano Carranza no había indemnizado a los más de 789 estadunidenses muertos durante la Revolución Mexicana y que las compañías petroleras de Estados Unidos se veían afectadas por nuestra Constitución de 1917, dieron vida durante ocho meses a una iniciativa que buscaba la guerra con México para comprar la península de Baja California y parte de Sonora.

La historia de esa iniciativa llamada Comisión Fall es narrada en el libro El Senado estadounidense enjuicia a México y al presidente Carranza por el historiador Rodolfo Villarreal Ríos, quien demuestra que México fue un pretexto de la política interna de Estados Unidos.

“La Comisión Fall nació como una excusa para impedir que el presidente Woodrow Wilson se convirtiera en el líder mundial y la mejor manera de hacerlo era presentándolo como alguien incapaz de manejar la relación con un país débil como México”, indica el autor.

Para realizar el libro, el experto consultó las fuentes originales del Senado estadunidense y las publicaciones de ambos países para escribir una historia con dos perspectivas. “Muchas ocasiones tendemos a ver la relación México-Estados Unidos desde un punto de vista maniqueísta, normalmente ellos son los malos y nosotros los buenos”.

Villarreal Ríos opina que el respeto es importante en las relaciones diplomáticas. “Ni nosotros debemos de tratar de dictar las políticas de Estados Unidos ni ellos deben tratar de dictar internas políticas a nosotros. El respeto entre las dos naciones y lo que sean sus límites geográficos deben ser definidos por los gobernantes y los ciudadanos de cada país”.

El tratar de decirle al otro cómo hacer las cosas, añade, nunca será positivo. “El periodo de la Comisión Fall (de 1919 a 1920) es muy importante por la actitud que asumió el presidente Venustiano Carranza, de no embarcarse en una discusión que hizo un grupo de ciudadanos estadounidenses con un objetivo de política interna”.

—¿México fue usado?

—Considero que esta Comisión nació de un asunto partidista. Estados Unidos celebraría elecciones presidenciales en noviembre de 1920, entonces la Comisión Fall empezó a operar el 8 de septiembre de 1919 y terminó el 20 mayo de 1920, exactamente doce horas antes de que el presidente Venustiano Carranza fuera asesinado en Puebla.

DEFENSA NACIONAL. Los senadores republicanos Henry Cabot Lodge y Albert Bacon Fall impulsaron en el Senado de Estados Unidos crear un Subcomité de Relaciones Exteriores para Investigar los Asuntos Mexicanos, el cual fue creado el 8 de septiembre de 1919 y con el que, a través de audiencias, se definiría la intervención armada a México pues esa era “la única solución a los problemas” mexicanos.

“Se presentaron 257 testigos, entre ellos, miembros religiosos. Todos los protestantes opinaron a favor de Carranza, dijeron que su labor era correcta. Por otro lado, los representantes de la iglesia católica, todos denostaron a México, fue el caso de Francis P. Joyce; Francis Clement Kelley, el obispo de Oklahoma, y la religiosa mexicana María Thierry”, indica Villarreal Ríos.

Los dueños de compañías petroleras también denostaron a México, añade, porque al momento en que se promulgaron los artículos 3, 27, 33 y 130 de la Constitución de 1917, sus privilegios en la explotación petrolera fueron atacados. Los únicos que dieron opiniones favorables, indica el historiador, fueron los reporteros que eran enviados a México para conocer la situación del país.

No obstante, la Comisión avanzó a pesar de ser rechazada por el presidente Wilson porque el mandatario sufrió un infarto el 2 de octubre, entonces el país fue dirigido por su esposa, su secretario particular y su médico.

Fall se aprovechó de ello y presentó el 3 de diciembre de 1919 una propuesta para invadir a México pero ésta fracasó porque el 5 de diciembre tuvo una entrevista con el presidente Wilson, quien paró la propuesta, además de que fue liberado el empresario estadunidense William Jenkins quien supuestamente fue secuestrado en Puebla y por lo tanto fue usado como un ejemplo de la inseguridad de los estadunidenses en México.

“La Comisión Fall intentó presentar a Venustiano Carranza como antiestadunidense, lo cual era falso porque él fue el primer presiente que envió estudiantes mexicanos al extranjero y contrató a especialistas en finanzas y economía para que implantaran un sistema fiscal en México. Simplemente lo que el presidente Carranza hizo fue actuar en función de los intereses de México y esa es la función que tiene todo gobernante”, comenta el autor.

—¿Carranza y Adolfo de la Huerta mantuvieron la misma postura ante la Comisión Fall?

—Carranza nunca hizo un comentario respecto a esa comisión, sólo advirtió que cualquier mexicano que fuera a declarar ante esa Comisión sería considerado un traidor a la patria. Siempre mantuvo una actitud de respeto hacia Estados Unidos. Adolfo de la Huerta entendió perfectamente cuál era la situación de México en ese momento y trató de un acuerdo para lograr el reconocimiento diplomático.


Disponible en: http://www.cartademexico.com/web/cn.php?id=20798